ALBERTO LXXII SETENTA Y DOS novela.

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El período celeste de nuestra adolescencia marcó mi vida para forjar mi carácter.

Ahora veo que el rigor al que fuimos sometidos ha sido dañino y crucial.

En la actualidad los jóvenes no acatan incondicionalmente.

Lo que nos decía Ferrari Nicolai, director, se aplica a mi vida y a la de Alberto:

El camino rosa de la mano de mi noviecito. o: la ruta verde con el acatamiento  incondicional de miembro de familia numerosa.

Hubo acontecimientos llevaderos, y hechos insalvables.

Hice siempre lo que creí mejor.

Los sucesos fueron aceptados como se presentaban.

La separación impuesta por los padres de Chichín fue aceptada sin la más mínima protesta

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ALBERTO. NOVELA LXXXI (ochenta y uno) FINAL

¡Otra vez ese fulano!- Siempre arruinando el paisaje- Se llamaba Aloé.

Era un muchacho de nuestra edad, a quien él no quería.

Si Chichín le tenía bronca, habrá tenido buenas razones.

Yo casi no lo conocí.

ºººººººººººººººº

Todo aquello está muy lejos.

¡Ha pasado tanto tiempo!….

Recuerdo insistentemente mi linda adolescencia, más linda cuanto más lejana.

De mi vida remota no recuerdo casi lo que pasó, ni cuanto hice, ni si mi tiempo fue desperdiciado.

Decir ADOLESCENCIA significa recordar a mi lindo Alberto , y la felicidad que me dio en ese breve período 

Ojalá yo también haya podido hacerlo feliz.

Beso su memoria.

ALBERTO. NOVELA LXXX. (ochenta)

De un joven que no quería ser mi novio. De la época de Alberto.

Las chicas Bosco, Aída y Olga, me contaron esto: Había una chica, con quien siempre bailaba Néstor. Se llamaba Modesta.

Era popular. Bailaba con los viajantes.

Dijo Olga que en un baile de carnaval, un noviecito que ella tenía, creyó  que la disfrazada que bailaba con Néstor era Olga. Le preguntó quién era esa chica. ‘El le contestó: “mi novia”.

“No, niña. Ella no era mi novia. Recuerdo que lo dije, pero igualmente podría haber contestado: “mi tía abuela” o “la hija del comisario”.

¿Qué habrán querido decir las chicas Bosco?…..”encuentra con Modesta el terreno más fácil”.Yo no lo entendía, como no entiendo ahora muchas cosas. Nunca entiendo nada..

Modesta era la novia de Néstor. ¿La habrá besado mucho?

Él lloraba en el colegio porque no la veía con la frecuencia que deseaba.

Intercambiaban promesas de amor, de palabra y por carta. Él escribía bellamente. Ella no sé.

¿Cómo estará Modesta?

O…¿estará? Si es así, ¿en qué situación?

¡Dónde vivirá?

¿Será esbelta?  No lo era a los dieciséis años.

Tenía una cierta curvita en la espalda, y un incipiente agobio en los hombros.

¿Arrugada?  ¿o rejuvenecida con cirugía?

¿Gorda, artrósica, esclerosada?

¡O valiente, dinámica, emprendedora, con capacidad para los negocios, las artes, la economía?

¿Será linda? Era una rubia alta, vistosa pero no bonita.

¿Tendrá esposo, hijos,muchos, pocos, uno solo, nietos, bisnietos?….O…¿estará sola…..sola….?

Siendo novia de Néstor, visitó a Delmi en su casa.

Y a un costado, completamente olvidada, estaba la niña a quien el mítico personaje de LA ILÍADA  nunca amó.

ALBERTO NOVELA LXXIX (setenta y nueve)

Tocho tenía una conversación flúida y amena.

Comentaba los artículos de fondo de La Voz del Interior. Se reía con gusto del nombre que dicho columnista daba a cierto coleóptero que ocasionaba una picadura molesta, con ampolla:”bicho turista”- nosotros le llamábamos “Uriburu”.

Siempre agregaba el columnista. “¡ta que arde!”.

Tocho comentaba estos editoriales con gracia inigualable. Él era simpático, fino, elegante.

Decía que pasaba todo el día dando vuelta el dial de la radio buscando foxtrots, por los que sentía pasión, al igual que por todo lo norteamericano.

Decididamente, nunca le iban a gustar los tangos. Solamente “UNO”- según sus palabras.

Y la orquesta de Osvaldo Fresedo, cuya música escuchaba a la mañana, y que era interrumpida por el ruido del motor del agua del escribano de la casa de al lado.

Cosas…..del pasado remoto. El pasado en que yo me sentía amada….por Alberto, mi amor de nuestra tierna adolescencia

ALBERTO. NOVELA LXXVIII. (setenta y ocho).

-¡Chau, Otto!- Dijo Poroto, que pasaba en bicicleta.

No me gustaba, porque saludó solamente a Chichín, y no a mí, que estaba a su lado.

-Él hablaba de mí como si fuera su novia. ¡¡No!! definitivamente.

Solamente era Alberto a quien yo amaba.

Yo aludía a Poroto como “tu rival”, para reírnos un poco.

-Según él…

-No le hice caso porque “nosotros nos queremos”-¿ Es así, queridita?

-Yo soy inmune a la maledicencia. -No me dejo rozar por ella.

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ALBERTO. NOVELA LXXVI ( setenta y seis)

-Zulma me dijo que me esperabas. No era así.

No les hagamos más caso a los amigos.- Arreglémosnos entre nosotros.

-¿Porqué nos encontramos?

¡¡Intuición!!

Tengamos cuidado cuando pasan los autos.-Si nos atropella uno, nos vamos juntos al infierno, galleguita.

¡Quién sabe-Le tenés miedo al infierno?

-Sí; tendría que portarme bien.