CHITA

Chita nos reconoció a cada una por el nombre.
A mí me dio grandes señales de cariño. Me besaba.
Me pedía chocolate. Yo no le di, porque estaba recibiendo suero.
En uno de sus últimos días, por un asunto que solamente ella entendía, dijo, bien clarito: “Esto lo va a arreglar Félix Caballero”.
Ella se ubicaba en su juventud, cuando Félix Caballero resolvía inteligentemente los asuntos.

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