NOVELA REENCUENTRO. XXXVI. (treinta y seis) 36

– No sabía que ejecutabas melodías.

-Sí, chèri. Mamá heredó su piano que mi abuelo le regaló en un cumpleaños.

Ella era profesora.

Nos mandó a todos a estudiar. Nos enseñaba la señora Enriqueta Vergesio de Storino, pero íbamos de mala gana, porque perdíamos el tiempo de jugar a las bolitas.

Después, cuando no me obligaba nadie, tenía gusto de interpretar un clásico, una melodía, o marcha.

-Chèri, chèri, ¿dónde estás?  ¿cómo viviste?

-Mal, tesoro.

No ha tenido sentido mi vida.

¡¡Estoy abandonada!!

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