AMOR Y ROMANTICISMO. XLVIII. (cuarenta y ocho).

En mi casa regía la veda por las lecturas.

Mamá creía que leer era un acto pecaminoso, y en todo caso, pérdida de tiempo.

En tu familia eran más liberales, Chichín.

Me gustaba leer más que cualquier otra distracción.

Compraba libros y revistas en la medida que me lo permitían mis magras posibilidades.

Mis hermanos mayores me obsequiaban libros ocasionalmente.

Yo los cuidaba mucho.

Algunas veces  compraba el diario.

Ni mis maestras españolas eran tan estrictas como mi madre.

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