NOVELITA. CHICHÍN. XLIV. (cuarenta y cuatro).

-Vení, Elenita. Llamá a o” papá para que contemplemos el paisaje.

El mar ¡Qué belleza, nuestro Atlántico!

-Y mirá los edificios. ¡Qué arquitectura! ¡¡Ultramoderna!

-El hotel tiene siete pisos. Nosotros estamos en el cuarto.

Nos ubicamos al lado. Los Hang en una habitación. Yo en la de la derecha.

Los tres nos levantamos temprano. Yo bebo agua, como fruta y tomo mates.

Cuando ellos están listos, los dos van a buscarme. Ya están vestidos para la playa.

Los tres de la mano, o abrazados, bajamos en el ascensor.

¡Qué hermosura! La compañía de mi noviecito y su linda nieta.

Somos tres amigos que disfrutamos la naturaleza. Parece que no tenemos edad.

Sacamos fotografías. Filmamos.

Jugamos a la pelota.

Con ellos no extraño mi casa. Pienso en mis nietos pero no con nostalgia.

No los pude traer.

-Cuando eran chicos los llevé a Río Tercero, Embalse. Ustedes, queridos, ¿conocen esa parte de las sierras?

-Sí, gallega. La oma nos llevó. “Opapá se quedó en casa, esa vez, con mis padres.

-¡Qué rico desayuno!

-Me gusta servirme alimentos variados.

-No se puede comer todo.

-Porque tú, galleguita, tienes la panza reducida.

-Y vos, querido, tampoco la tenés grande.

– Elenita come, pero hace mucha actividad física. Lo que asimila lo gasta en energía.

-¡¡Esta chiquilina tan linda!!

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