ALBERTO. NOVELA LXXVIII. (setenta y ocho).

-¡Chau, Otto!- Dijo Poroto, que pasaba en bicicleta.

No me gustaba, porque saludó solamente a Chichín, y no a mí, que estaba a su lado.

-Él hablaba de mí como si fuera su novia. ¡¡No!! definitivamente.

Solamente era Alberto a quien yo amaba.

Yo aludía a Poroto como “tu rival”, para reírnos un poco.

-Según él…

-No le hice caso porque “nosotros nos queremos”-¿ Es así, queridita?

-Yo soy inmune a la maledicencia. -No me dejo rozar por ella.

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