ALBERTO NOVELA LXXIX (setenta y nueve)

Tocho tenía una conversación flúida y amena.

Comentaba los artículos de fondo de La Voz del Interior. Se reía con gusto del nombre que dicho columnista daba a cierto coleóptero que ocasionaba una picadura molesta, con ampolla:”bicho turista”- nosotros le llamábamos “Uriburu”.

Siempre agregaba el columnista. “¡ta que arde!”.

Tocho comentaba estos editoriales con gracia inigualable. Él era simpático, fino, elegante.

Decía que pasaba todo el día dando vuelta el dial de la radio buscando foxtrots, por los que sentía pasión, al igual que por todo lo norteamericano.

Decididamente, nunca le iban a gustar los tangos. Solamente “UNO”- según sus palabras.

Y la orquesta de Osvaldo Fresedo, cuya música escuchaba a la mañana, y que era interrumpida por el ruido del motor del agua del escribano de la casa de al lado.

Cosas…..del pasado remoto. El pasado en que yo me sentía amada….por Alberto, mi amor de nuestra tierna adolescencia

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