ALBERTO. NOVELA. CAP. LXXI.

¡Ay!  ¡ay!  Alberto.

Se sonrojaba.

Con la sangre agolpada en sus vasos sanguíneos, se sobreponía.

Quedaba cierta angustia, sofocación, palpitaciones.

No se notaba su turbación.

Él sonreía, con belleza.

Nunca lo escuché proferir una carcajada.

Con su sonrisa se veía el sol en su cara siempre llena de bondad.

Desparramaba amor, siempre amor, lealtad y generosidad.

ºººººººº

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