ALBERTO. novela. cap XXV (veinticinco)

Bello artilugio de una adolescencia lejana que, con el transcurrir de las décadas nos han llenado de achaques, dolores, y frecuentes incomprensiones.¡TANTA FRIALDAD!

¿Quién se iba a acercar a una joven que era un témpano, no una mujer?

No sabía nada de la vida, pero tampoco los mayores la instruían sobre la misma.

¿Habrán pensado que una niña tonta podía aprender, si no tenía delante de sí situaciones que hicieran que madurase?

Además, no entendía nada. La educación religiosa limitaba los conceptos.

Los ancestros de costumbres rígidas. La falta de tiempo para dedicar ESPECIALMENTE a una persona, y ¿porqué no? La escasez de medios económicos.

¡Tantos hermanos!

Se nos consideraba siempre “un montón de hermanos”- como era en realidad.

Educación represora.

Por eso fui ignorante, tímida e incomprendida.

.

¿Serán más bellos los sueños cuando no han podido realizarse?

ºººººººº

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