ALBERTO. (Reseña)

Teresa soñaba con un cariño sano y bueno.

Con la belleza.

Con la distinción.

Con la paz.

Con un compañerismo.

La vida fue algo mezquina con estas dádivas.En cambio, le prodigó salud, que es más digna de agradecimiento que todas las demás cosas juntas.

Un día llegó Alberto.

Era hermoso. Rubio. De ojos azules. Delgado.

Bastante alto. Nariz casi respingada, pero perfecta. Labios finos. Dientes parejos. Se sonrojaba.

Bueno, culto, inteligente, discreto, cortés.

Tenía muchísimos amigos.

Embelleció la vida de Teresa.

Todos los veían juntos.

Todo era lindo.

Ellos se querían con un cariño sencillo, de jovencitos que nunca pensaron en hacer nada incorrecto. Nunca, nunca lo hicieron.

Era una pareja agradable, simpática, elegante. Bien recibida en todas partes.

Pero él se fue. Su familia se fue a San Agustín (Santa Fe) o a Esperanza.

Ella pensó que no lo quería.

Una vez regresó para un bailecito en casa de Nelvia, compañera de Teresa, pero hubo mucha frialdad…. mucha, mucha.

¡Qué distinto hubiese sido todo si Alberto y Teresa se hubieran casado!  Él era tan bueno! ¡Verdaderamente bueno! Su familia era excelente. Intachable.

Un SUEÑO que no se realizó.

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