ALBERTO. NOVELA. cap. XV.

 

Los compañeros lo saludaban así:  “Chau, Otto”- No me gustaba ese trato.

Un día le pregunté, poniéndole muchos reparos:. “Alberto: Si te hago una pregunta, ¿lo tomarás a mal?”

-“No, chéri, nada que pronuncie tu deliciosa boca será mal interpretado?

-“¿Cómo te llaman tus compañeros?”

“Otto, porque me ven pinta de alemán”

Era un joven tan lindo, que aún ahora, a los ochenta y cuatro años, sería un hombre lindo.

La “ida ” de Alberto a otra ciudad, fue traumática. Me dejó una marca que nunca se borró.

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